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Fue reclutada por un grupo antiaborto de EEUU y con sus protestas ahora bloquea el acceso a la salud reproductiva en Colombia

Este artículo fue publicado por Univision Noticias.

Pamela Delgado fue persuadida para que replicara en su país las protestas frente a las clínicas que proveen abortos en Estados Unidos. En Colombia el procedimiento es legal en tres causales. Las campañas que Delgado lidera difunden información falsa y están restringiendo el acceso a servicios que salvan la vida de mujeres.

BOGOTÁ, Colombia. – En tres años Pamela Delgado se ha convertido en una de las líderes más prominentes del movimiento contra el aborto en Colombia. Aprendió todo lo que sabe de un grupo cristiano estadounidense que cree que la vida comienza en la concepción –no en el nacimiento– y que los abortos deben ser prohibidos, aún aquellos clínicamente recomendados para salvar la vida de la mujer.

Delgado ha organizado siete protestas contra el aborto y ha ayudado a reclutar y a entrenar a docenas de seguidoras del movimiento. En Bogotá, la capital de Colombia, su base de voluntarios se ha expandido desde una docena en 2015 a cerca de 3,000 en la actualidad, y su grupo estima que cerca de 3,500 voluntarios adicionales están realizando trabajos en otros lugares del país.

Cree que parte de su éxito se debe a que el grupo cristiano 40 Días por la Vida, con sede en Texas, la asesora. Este grupo enseña a voluntarios locales como ella en todo el mundo a organizar protestas de 24 horas durante 40 días frente a las clínicas donde se practica el aborto legal (La Corte Constitucional de Colombia ratificó justamente esta semana las normas vigentes). Desde 2011 han enseñado sus tácticas en nueve países de América Latina, entre ellos Argentina, México y Brasil.

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“¿Embarazada? ¡No estás sola!”. Defensores de los derechos de las mujeres señalan al grupo por difundir información falsa. Crédito: Angelika Albaladejo

Los defensores de los derechos de las mujeres y proveedores de salud reproductiva en Colombia señalan que la creciente expansión de grupos antiaborto provenientes de Estados Unidos está poniendo en peligro la salud de las mujeres, difundiendo información falsa y restringiendo el acceso seguro y legal a los servicios.

El aborto es legal en Colombia desde 2006 en tres causales, sin límite de tiempo: cuando el feto presenta una malformación que hace inviable su vida, cuando el embarazo constituye un riesgo para la salud de la mujer y cuando ha sufrido una violación.

Delgado escuchó por primera vez de estos grupos en 2014 a través de una amiga de la iglesia, buscó más información sobre ellos en Internet. Dice que quedó “conmovida” por la filosofía de 40 Días por la Vida y por eso se lanzó a crear el capítulo colombiano de la organización. Poco después, Matt Britton y Katherine O’Brien, padre e hija y organizadores del movimiento, volaron a Bogotá para conocerla.

“Nos trajeron camisetas y, puede parecer una tontería, pero te hace sentir como si fueras parte de una familia”, dijo Delgado.

Desde entonces, el grupo le ha pagado la asistencia a conferencias internacionales y programas de formación y la ha puesto en contacto con sus socios antiaborto en la región.

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Pancartas de la protesta de 40 días en las afueras de la iglesia católica Santa Ana, frente a la clínica Oriéntame. Crédito: Angelika Albaladejo

En septiembre de 2015, Delgado realizó su primera protesta en Colombia, en frente a uno de los principales proveedores de abortos del país, Oriéntame: una organización privada que opera seis clínicas de salud reproductiva en Colombia. Las protestas, que en principio apenas arrastraron a una docena de personas, comenzaron a extenderse por el país desde entonces.

“El acoso a las mujeres es mucho más intenso”, dice a Univision Noticias un representante de una clínica que facilita abortos legales en Bogotá y que pidió el anonimato, y agrega que esto “dificulta el funcionamiento de la clínica”.

La presencia de activistas a menudo intimida a los pacientes y hace que vayan a clínicas clandestinas donde el aborto no está regulado y no es seguro.

Las protestas están “restringiendo el acceso a los cuidados” de forma más extensa, e impidiendo que las mujeres puedan recibir sin sobresaltos otros servicios como cuidado prenatal o anticonceptivo, dice también Natalia Acevedo Guerrero, de Profamilia, la mayor red de centros de salud reproductiva de Colombia.

 

Las leyes restrictivas no impiden los abortos

Acevedo Guerrero y otros expertos colombianos en salud reproductiva consideran que el desconocimiento de la ley y la falta de educación han allanado el camino a grupos como el de Delgado.

Más de una década después, cerca de un 50% de los colombianos sabe que Colombia legalizó parcialmente el aborto, de acuerdo a la más reciente encuesta del Ministerio de Salud. Sin embargo, el 65% de los colombianos piensa que debe ser legal.

Los grupos antiaborto han llamado sin éxito a referendos para revocar la ley y activistas como ella intentan cambiar la percepción pública del tema, pues confía en que su mensaje –que entremezcla creencias religiosas con valores familiares conservadores– resuene emocionalmente entre católicos y evangélicos, dos fes cristianas que agrupan al 90% de los colombianos.

 

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Delgado y otros líderes de esta organización trabajan con una red de pseudo clínicas falsas donde se intenta convencer a las mujeres con embarazos no deseados de que no aborten. Crédito: Angelika Albaladejo

“Colombia es un país devoto, la gente es muy piadosa aunque no sepan nada sobre el aborto”, dice Delgado.

Delgado y otros líderes de esta organización trabajan con una red de pseudo clínicas falsas con patrocinio estadounidense donde se procura convencer a las mujeres con embarazos no deseados de que no aborten, a menudo utilizando información médica errónea –como por ejemplo, que el aborto incrementa el riesgo de sufrir cáncer de seno, depresión o baja autoestima–.

Le gusta decir que sus campañas “inyectan esperanza” y crean finales felices “salvando vidas”. Pero no todas las vidas son iguales en sus ojos. Cada vez que llama “asesinas” a las mujeres que optan por un aborto, su habitual tono de voz dulce cambia y se llena de bilis. Cuando se le cuestiona sobre el peligro que corren las mujeres a quienes les bloquea el acceso a un aborto, responde: “Es mejor morir y no haber asesinado a nadie. Tú te vas al cielo. Es el mejor final que puedes dar a tu vida”, dice.

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